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domingo, 18 de junio de 2017

Entreno VS Estudio

El día que saqué esta foto ganó el entreno.   Hoy el estudio. (29/06/17)
¡Por tantos momentos de indecisión aún por llegar! 
:)

Entreno: 1
Estudio: 1

miércoles, 28 de octubre de 2015

¿Otoño sinónimo de tristeza?

Otoño... y ya van siete. Siete años viendo llegar el otoño sobre estas mismas calles, sobre esta facultad, todas las mañanas... Mismo bus (¡prácticamente misma gente en él!), mismo ¿todo? No, hay mucho muy distinto. Distinta yo.
Siete años atras era una muy primeriza estudiante de medicina la que recorría estas calles para ir a clase, a escuchar hablar acerca de proteínas, biomecánica, de cómo era una célula, de estadística y de historia.
Después, a estudiar fisio, hacer disecciones, desentrañar preparaciones de microscopio... ¡la vida en "rosa"! Y no precisamente por fácil,gg. Que ese rosa-microscopio puede simbolizar las mayores frustraciones, igual que este gris-otoño puede estar cargado de alegría.
Hace 4 años (¡sólo 4 años!) empecé a pisar el hospital, hasta realmente sentirme cómoda en él. A sentirme cada vez más médico, y hoy... hoy vuelvo por aquí a estudiar. Vengo a estudiar, como venía cada día una hora antes de comenzar las clases o rotaciones para aprovechar ese rato hace unos años... pero esta vez para quedarme no una hora, sino unas 8 o 9.
¿Sinceramente? No siempre tuve claro que llegaría aquí. Son muchas las cosas que han pasado entre medias, es mucho lo que ha llovido.... pero aquí estoy. Aquí estoy. Esto me lleva a pensar en que cuántos caminos que parecen difíciles o que aparentemente se tuercen pueden llegar a buen final. Quizás a un final distinto al que esperamos, pero bueno. ¡Qué aburrida sería la vida si todo llegara a donde esperamos, del modo exacto en que esperamos! No, en cambio suele suceder que el camino nos lleva aún más lejos... y el propio recorrido merece la pena (baches inclusive).
Siete años: más de un tercio de mi vida hasta ahora... aunque tan solo una pequeña parte en comparación con lo que me queda por delante. 
¿Otoño sinónimo de tristeza? Mejor de esperanza... porque todo lo que hoy parece languidecer en unos meses renacerá.
Ánimo a todos aquellos que estéis en camino.

jueves, 22 de octubre de 2015

En un hospital africano...

Voy camino al hospital, pero esta vez a estudiar. Estoy en el autobús, en medio de un atasco, mientras por la ventana se ve esa curiosa mezcla de colores del amanecer.
En esta rutina no puedo evitar acordarme de mis mañanas africanas camino al hospital, esa vez sí, no para estudiar sino como médico en prácticas. ¡Y qué distinta es la medicina que alli viví!
A veces pienso que no lo aproveché suficiente... que no tuve suficiente iniciativa, que no di suficientes abrazos, no paseé lo suficiente por sus calles, que me quedaron demasiadas personas por conocer más a fondo y demasiados pacientes por tratar.. ¡pero eran tantas las cosas nuevas a asimilar!
Allí se cura como se puede: con las medicinas que hay, los medios y las circunstancias de cada persona. A veces tienes que decidir entre hacer una prueba diagnóstica o poner tratamiento sin saber de qué enfermedad se trata, porque no tienes dinero para hacer ambas cosas. El tratamiento no solo se ajusta a la indicación sino al presupuesto, y aprendes a apreciar cada pedazo de algodón... Y, con todo, eso es sólo una millonésima parte de todo lo que cambia al estar allí.
Hay algo que no cambia: los pacientes. Ellos son los mismos. Diferente cultura, diferente modo de vivir la enfermedad, pero pacientes al fin y al cabo... Gente que acude al médico para ser aliviada, curada; gente que tiene miedo y gente que no; gente sola y gente acompañada. También hay familias que sufren y madres que lloran.
No iba al hospital en un amplio autobús, sino conduciendo un todoterreno entre lluvias y charcos... pero he de decir una cosa: el motivo que me movía era realmente el mismo que hoy me hace madrugar para ponerme a estudiar.
Ánimo a los que en cualquier parte del mundo se dedican de un modo u otro a este mundillo de la salud... Yo no puedo evitar pensar que he elegido la profesión más bonita que existe. :)

sábado, 12 de septiembre de 2015

Pasarse el testigo

Cuando empiezas medicina en la UAM hay (o al menos había cuando yo empecé) un "sistema de tutores", es decir,  estudiantes de segundo curso que se ofrecían voluntarios se "hacían cargo" de grupos de 2-4 estudiantes. Su función era orientarles, resolver dudas, pasar apuntes, recomendar libros... Puede que realmente no necesitase mucho a las que fueron mis tutoras, pero no negaré que fueron un apoyo importante: me encontraba con ellas por los pasillos, nos preguntaban cómo íbamos... simplemente las veíamos, estaban allí; nos sentíamos cómodas conociendo a gente de cursos superiores, iban por delante de nosotras pero por el mismo camino.

Yo también fui tutora cuando me llegó el turno, obviamente, y eso fue solo el principio: cuando entras por primera vez al hospital, completamente perdido y desorientado, siempre terminas encontrando un estudiante mayor que te guíe; fue un residente quien me consiguió un pijama la primera vez que entré a quirófano, un auxiliar quien me enseñó a lavarme, una enfermera quien respondió por mí a la pregunta de "¿qué talla de guantes usas?". Fue un estudiante de un curso superior (que estaba allí por casualidad) el que puso la hoja del bisturí en su sitio la primera vez que me tocó preparar sola una practica de anatomía, una opositora MIR la que me dió ánimos el primer verano que tuve que pasar íntegro estudiado, y mi compañera de clase la que hacía soportable e incluso divertidas esas interminables horas de repaso en disección... y la lista es interminable.
Así vas aprendiendo, y así vas enseñando; humildemente y sin creerte más que nadie, poco a poco unos vais tirando de los otros en esta escalada hacia la meta de convertirse en médicos. Cuando quieres dar cuenta, eres tú ese estudiante que ayuda en disección al de un año menos, el que guía por el hospital al de tercero, la opositora MIR que anima en la biblioteca a la estudiante en sus recuperaciones...

He tenido malos y buenos profesores, pero seria injusto decir que sólo han sido ellos los que me han enseñado; de hecho, el recuerdo de esos otros "profesores" extraoficiales que han ido tirando de mí es hoy estimulo para seguir adelante. En esta escalada, tú tiras de los que van por detrás, y los que van por delante tiran de tí. Si es cierta esa parte del Juramento Hipocrático, ¿por qué no iba a serlo también el resto? ¿Por qué no iban a tener razón también los residentes y médicos que me dicen que siga, que esto merece la pena? ¡¡Así que lo dicho!! Mucho ánimo a los que vais por este camino.

...si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente
y sin ningún género de recompensa.
..
JURAMENTO HIPOCRÁTICO

...Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento del que son acreedores...
CONVENCIÓN DE GINEBRA


jueves, 14 de mayo de 2015

Y decidí ser médico...

Una vez me dijeron que todo estudiante de medicina o médico elige la carrera, pero que es en un momento dado en el que toma la decisión de ser médico, en el que la medicina se descubre ante él, y de obligación o profesión pasa a ser vocación.

Es cierto que hay momentos en la vida que quedan marcados a fuego. Momentos en los que el ir y venir del día a día parecen paralizarse... y de repente todo se coloca: la rutina cobra sentido, el camino parece tener dirección y la vida pasa de ser carga a ser algo de lo que disfrutar.

Aquella tarde de Agosto el sol abrasaba el asfalto de Madrid, como cualquier día de verano a las 3:20 de la tarde. Salí del hospital, en calidad de estudiante... primera rotación de verdad. Caminé ajena al al bullicio que me rodeaba, rutina de cualquier día laborable, aparentemente un simple día más... Ese día descubrí algo importante: que me apasionaba la medicina. Agotada y al borde del desmayo, habiéndome levantado a las 6:30 de la mañana y sin haber tomado nada más que un café pero con una sonrisa de oreja a oreja y sin caber en mí: feliz. Por encima de todo, un pensamiento que no me podía quitar: mi vida, por primera vez en 2 años, volvía a tener sentido. 

No pretendo explicar qué sucedió esa mañana de Agosto, ni deriva de ella mi pasión por la medicina, pues lo que ese día intuí se ha ido concretando poco a poco... y aún queda mucho camino por delante. Sólo me remito a recordar con cariño lo que viví, esa sensación que no recordaba desde hacía ya un par de veranos: que la vida no era solo para sobrevivir, que ante mí se abría un horizonte mucho mayor. Ese día podría decirse que "me enamoré" de la medicina. Y desde ese día he ido aprendiendo lo que significa ser estudiante de medicina; asomándome a ella, a la vida de tantos pacientes y médicos que se han cruzado por mi camino, y al día a día de un hospital.

Hoy ya no siento que la medicina sea lo único que da sentido a mi vida, pero ¿por qué no? Es una parte importante de ella. No voy a pararme a explicar los motivos que dan sentido a esta realidad. Tampoco voy a decir que la medicina sea lo único que tengo, porque mentiría: pero cuando esté harta de los pacientes o habituada a la rutina, quiero recordar que hubo un día en el que la medicina me llenó de sentido, que fue el empujón que necesitaba para volver a creer que la vida de verdad merecía la pena ser vivida. 

¿Hoy? Hoy aun sé que la medicina vale la pena. Hoy acabo agradecida la carrera, y animo a todos los que estén en ella. Hoy me siento afortunada porque puedo decir que ahora ya no me toca descubrir lo que es ser estudiante de medicina, que eso ya pasó. Hoy recuerdo el día en el que decidí que sí, que no sólo estaba en la carrera, que es que de verdad quería ser médico... y a partir de ahora tocará algo nuevo: aprender lo que conlleva serlo. 



domingo, 3 de mayo de 2015

Crónica de un puente cualquiera

"La verdad, por mucho que me remonte en el tiempo siempre te recuerdo estudiando..."

Frases así son muy frecuentes, y en parte tienen razón. 
La gente con la que iba a la biblioteca cuando empecé la carrera ahora trabajan, tienen hijos,
están casados... y yo sigo en la misma biblioteca.

Ha llovido mucho durante estos años, pero algo sigue siendo igual: siempre hay gente diciéndote que cuánto estudias, y que si merece la pena. 
Aquí dejo una explicación a tanto estudio, que escribí hace más de 2 años...
Y por cierto, no todo en medicina es estudio. Y no, no siempre estoy segura de si merece la pena, pero si de algo estoy segura es de esto: voy a seguir luchando por ello.

Escrito en el puente de diciembre de 2012:

Me preguntaba ayer una chica en una sesión de biblioteca (de esos maratones de 9 de la mañana a 8 de la tarde…) que si compensaba tanto estudio. La verdad, aunque en ese momento le solté un bonito “speech” ahora, a la vez que está siendo el bautizo del primer hijo de unos amigos, vuelvo a hacerme la misma pregunta: ¿de verdad merece la pena? Cada vez que vas a una biblioteca te encuentras con gente de medicina: gente que conoces (curso arriba, curso abajo..), CTOs abiertos por las mesas, atlas de anatomía, tratados de farmacología, MIReños… Saludas a unas personas, te saludan otros, cruzáis conversaciones… “Qué tal” “Pues ya ves... cansada, pero bueno” – te dice una amiga cuando la saludas. “pues ya ves, preferiría estar en otro sitio…” “bueno, con el planazo que tenemos” – contestas.. “¡Ya ves!” – te sonríen… “¡Menudo planazo de puente, no pasamos por casa!” Y así, entre risas y libros, va pasando el tiempo.

La verdad, hay muchas razones para dedicarle tanto tiempo al estudio en Medicina. La primera y más obvia, que como recortes mucho de este tiempo (ahora que los recortes están tan de moda, y ya no hay ni calefacción en las consultas, dato totalmente verídico, por cierto...) para empezar no apruebas. Otra, es que quieres saber. Quieres formarte. Quieres llegar a ser médico. Y no un médico cualquiera… aunque tampoco el mejor médico. Cuando pienso en qué tipo de médico quiero ser, es éste, y por esto estudio: la mejor médico que yo pueda ser.

Ese es mi objetivo actual. Curar, cuidar, estar. Atender a las personas, allá donde necesiten un médico. Para eso me formo. Para eso me levanto cada mañana.

Quizás un día me levante y me dé cuenta de que idealicé esto en exceso… Yo quiero pensar que en ese caso, igual que hoy lucho desde la mesa de estudio, seguiré luchando (aunque sea desde un hospital o una consulta) intentando no ser un médico mediocre. 

¿Habrá merecido la pena? El tiempo lo dirá. Yo por ahora..sigo estudiando.

martes, 28 de abril de 2015

Aprender a amar la medicina

Escribí esto el 28 de abril de 2012, hace hoy 3 años.
Podría matizar cosas, pero prefiero dejarlo como está:
porque hoy, 3 años después, sigo totalmente convencida de ello.
;) 

"Un sacerdote me dijo una vez, hace ya 4 años, 'la medicina es amable por sí misma'.
Desde entonces me he preguntado muchas veces si sería verdad y si merecía la pena.

Después de sumas y restas pienso en las horas (¡¡y días!!) de estudio, en la falta de sueño, en el acostumbrarse a no saber cuándo podrás sacar un rato para comer, en los conocimientos aprendidos, los momentos vividos en el hospital, en la biblioteca, en clase, en prácticas, en el comedor, en el campus..

Pienso en exámenes, llantos, nervios, agobios, frustraciones, satisfacciones; en el sentimiento de no llegar y no dar la talla, la presión; pienso en el dejar cosas de lado, deporte y música, en la realidad de que continúas estudiando cuando tus antiguos compañeros de instituto van terminando sus carreras... Pienso en cuanto he cambiado en 4 años..  

Pienso en el suspender y repetir, en mis esfuerzos y vagueos, en momentos concentrada y momentos distraída, en esas veces en las que quieres seguir hacia delante y superarte y en las que quieres pasar de todo y abandonar; en momentos en los que adoras tu carrera y otros en los que verdaderamente la odias.

Pienso en revisiones de examen, en mis compañeros, en septiembres, en cumpleaños con globos en "la biblio", en descansos, en “miriendas”; en clases de baile, en listas de notas que cambian cada día, en las “notas de corte” que deciden si apruebas o suspendes, en asignaturas, profesores, en microscopios, interminables disecciones, laboratorios, autopsias, seminarios, trabajos, manifestaciones, experimentos, charlas, congresos, pacientes, médicos...

Pienso en que en tan solo unos meses he visto a enfermos reír, llorar, desahogarse, estar ya fuertes, estar débiles, que tengas que sujetarles; les he visto no entender, aceptar, buscar apoyo, preguntar, sufrir, estar alegres, sonreír, desesperarse, no entender, entender demasiado; olvidarse de ellos para ayudar al de al lado, no pensar más que en lo que les pasa, ser bordes, ser amables… distintas caras, distintas vidas, y yo, testigo privilegiada de una parte de cada una de ellas.

Y entonces me doy cuenta de que nadie me preparó para estudiar medicina, que no sabía lo que hacía cuando me metí, que en el fondo no podía amar la carrera porque no la conocía... 

No sé si decir que estudiar medicina haya sido “algo vocacional” en mi caso, como tantos dicen que debe ser. Más bien puedo decir que he ido descubriendo la carrera poco a poco, aceptando los sacrificios que implica, convenciéndome a mí misma de que quiero hacer esto... 

Cuatro años después de empezar la carrera recuerdo las palabras de ese sacerdote, y puedo darle la razón: la medicina es amable por si misma."