miércoles, 19 de abril de 2017

Después de la tempestad... ¿calma?

 Guardia dura. Llena de fantasmas. Si me pides sinceridad te diré que cuando he salido (31 horas después de haber entrado, por cierto) solo quería llorar. Que solo deseaba, con todo mi ser, que alguien me abrazara. Que lo último que quería era seguir, seguir y luchar.

Problemas arrastrados, una punción mal hecha, una guardia dura, una niña muerta. Mucho trabajo por delante, y todo con dosis extra de sueño. No, no quería luchar. O quería hacerlo con alguien a mi lado. Y no había nadie. ¿Nadie? No, nadie a mi lado. Nadie tirando de mi mano... pero muchos en las gradas: los que están, los que estuvieron, los que estarán. Voces en mi interior que gritan que no puedo; voces de tanta gente y pequeños signos que, en silencio, sostienen que sí. Una invitación a una boda, una fuente inesperada de información, un post de un buen amigo. Un momento de calma. El recuerdo de quien soy.

Estoy igual de cansada. No ha cambiado nada. Sigo delante de mi ordenador. Sigo igual de decepcionada conmigo misma. Sigo pensando que hay cosas que no tienen solución. ¿No ha cambiado nada? Solo mi decisión. De acuerdo, que sí, que sigo luchando. Que me gusta lo paradójica que es la vida. Que acepto que no sea rosa. Que sigo sabiéndome afortunada… aunque hoy lo último que esté es motivada. Puede que hoy no me sienta  afortunada, pero se que lo soy, y seguiré brindando por ello.. seguiré viviendo. Mi sonrisa seguirá estando, porque la vida lo merece. Por lo bonita, por lo peculiar, por lo paradójica. Porque yo sigo sola… pero ella sigue así: llena de regalos.

viernes, 31 de marzo de 2017

Querido pequeño

Querido pequeño. Veo muchos peques como tu en el hospital... no me preguntes por qué me has tocado de un modo tan especial. ¿Porque estés sin diagnosticar? Estoy acostumbrada, como resi pequeña, a ver pacientes ya "etiquetados" desde urgencias, cuyos médicos saben perfectamente el mejor tratamiento para su enfermedad, y yo me limito a corroborar... Esta enfermedad, este tratamiento, está evolución. Tú...No sabemos lo que tienes. Te pones malo y te "arreglamos" Sí que lo sospechamos...Pero no lo sabemos. Y yo llego a mi casa y estudio, y busco, y miro... ¿Y si no fuera eso? ¿Y si tuviera tratamiento? Pero no es verdad. He pensado mucho en ti estos días... en vano. En vano o... no. Pero no he sacado nada en claro. Quizás solo haya servido para recordarme que me gusta ser médico, que me preocupais, que llegáis a recordarme quien soy, y que me gusta la medicina. Quizás solo haya servido para yo recordar como se hacía... cómo se vivía. Tú te mueres igual.

Hoy volviste a dejar de respirar. A priori no se te ve mucho sensación de enfermedad. Eres un pequeño más... o casi. Pero se que tú organismo pende de un hilo...y que te vas. Tarde o temprano (pero antes de lo que deberías) te irás.

Querido pequeño. No me sale llorar. Estoy triste... pero no me sale llorar. Las cosas son así. La vida es así. No te conozco: no eres ni mi hijo ni de ningún amigo, no me eres familiar... pero eres. Y te vas. No me corresponde a mi llorarte. No voy a concederme un protagonismo que no es real. No voy a decir que lo paso mal. He visto a tu madre llorarte, a tu padre sufrir, a los dos pasarlo mal. Yo solo...Pasaba por allí. En el fin de tu vida, en uno de los momentos más cruciales de la de tus padres. Eso es ser medico, ¿no? Y esta es la versión oficial. La real: que tu también has pasado por mi. Que como paciente, te quiero. Que querría que vivieras. Que querría conocerte como a tantos esos niños: que pasan por mi vida y se van, pero a seguir viviendo. Que ya no les veré más, pero que seguirán. Tú no. Cosita pequeña.

Yo hoy comeré, veré una película o estudiaré, me iré a escalar... Yo no soy la protagonista, sois vosotros: tu, vivido y coleando como estas (que cada segundo, minuto y día de tu vida es para disfrutarlo, no hay que olvidarlo) y tus padres, que siguen rotos en el hospital.

Tú me haces medico. Que lo sepas. Aunque ojalá vivieras..ojalá. Ojalá te pudiera curar.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Querida mamá

Querida mamá:
No voy a engañarte. No soy muy empática con las madres. En mi defensa diré que tengo mis razones... normalmente os presentáis como enemigas cargadas con toda la artillería, que arremeteis contra mí mientras trato de buscar de entre mis conocimientos entremezclados de cansancio e inexperiencia, algún modo de ayudar a vuestros hijos; sin atender a razones, perdiendo las formas, actuando como si todo el mundo fuera en contra de vosotras...

Tu no eres así. Hoy te he visto, he visto tu dolor... he visto tu desgarro. Te diría que me ha partido por dentro, pero sé que no llevo ni la milésima parte del dolor que ahora estás conteniendo.

Ojalá hubiéramos podido darte otras noticias. Ojalá pudiera decirte otra cosa. Ojalá pudiera poner la mano en tu hombro y decirte "no pasa nada, va a salir bien". Qué bonito diagnostico. Que típico, médicamente hablando. Qué rápido. Y que feo. ¿Es mejor saber? No lo sé. En estas ocasiones lo dudo. ¿Cómo le dices a un padre que su niña, esa preciosa niña que se ríe y hace carantoñas, y que hasta ahora era igual que cualquier otra realmente... no lo es? O al menos no en el sentido en el que vosotros lo pensasteis.

Hoy al llegar a casa he metido en google el nombre de su diagnóstico: dudo que vosotros hayáis tardado en hacerlo, y quería ver qué encontraríais...Entre palabras técnicas que sé que os marearán y no entenderéis (esas que hace parecer que los médicos queremos nuestro propio y secreto lenguaje..) apareen palabras... de desesperanza. De mal pronóstico. Y sé que las vais a leer. No queremos un lenguaje: es que es necesario ser preciso... porque en medicina no hay matemáticas. Querréis números, certezas, tiempos.. y nadie va a dároslos. Vivid el momento. Cuando estéis preparados. Nosotros... aquí estamos. Para vosotros, los verdaderos protagonistas.

No: no os estoy dando compasión. Me inspiráis respeto. Mami... creo que lo harás bien. Quieres a tu hija, la quieres por encima de todo. Hoy he visto ese amor congelado en ti, traspasando tu corazón. Parecías rota... tan rota. Pero sé que eres fuerte: fuerte de verdad. No el fuerte que gasta energías en aparentar... no. Eres fuerte cual tallo verde, fácil de doblar pero difícil de romper. Doblada ya estás. Sé que no te romperás.

Papi, no me olvido de ti. Sólo es que tu dolor no era tan desgarrador. El de tu mujer cortaba el aire... aunque eso no hace el tuyo menos verdadero.

Hoy he entrado a la habitación a ver la clínica de un paciente, y me he encontrado con una familia que se quiere. Papi, tú has estado fuerte. Has hablado por los dos. No mirabas a tu mujer... pero parecías sus labios. Siempre hablabas en plural. Ponías las palabras que ella, serena en principio, no podía expresar.

Hoy he entrado a ver un paciente.. y he visto la conexión entre dos personas. Dos personas que se quieren. Y que quieren a esa tercera personita, que ajena a todo ello reía.

Hoy no me entendía. Estaba en mi casa... y no me encontraba. He seguido mi ritmo normal de vida; he estudiado, he hecho trabajos... y antes de salir de casa por la noche me he parado. Me he sentado en el suelo, pensando, desesperada... "¿qué me pasa?" y de repente lo he encontrado. Me dueles, mami. Querría daros un abrazo. Mañana es probable que ni siquiera entre a vuestra habitación (no es mi paciente...) No sabrás nada. Tú ahora estás ahí... yo por tercer día consecutivo no pasaré la noche en el hospital, pero una cosa te digo: hoy mi yo está contigo. Con vosotros. Mañana no cruzaremos una palabra. Yo seguiré por la planta, ajetreada entre estudios, historias clínicas, tratamientos, evoluciones, pruebas y exploraciones. Parece que los médicos solo sabemos hacer eso... solo es apariencia. Hoy me dueles. Aunque es tu historia, no la mía. No soy yo la héroe. Yo sólo soy testigo de personas enormes.

Ojala y esto no os destroce. Ojalá el dolor no os nuble la vista para ver lo precioso que tenéis. No sé qué será d vuestro pequeño.. pero siempre le querréis. Y os queréis. Como los héroes de las grandes historias.

Ojalá hubiéramos podido darte otras noticias. Ojalá pudiera decirte otra cosa. Ojalá pudiera poner la mano en tu hombro y decirte "no pasa nada". Tienes mi respeto, mamá. Todo mi respeto. Todo el respeto de esta joven médico que está cansada, que se desespera y se queja de tantas cosas, mientras tú.. pareces rota. No lo estás. Eres más grande de lo que te crees. Yo no me atrevo a decirte nada. Gracias por recordarme quien era yo...siendo tú hoy  "lo que me pasa"


martes, 14 de marzo de 2017

¿Por qué escalo?

¿Por qué escalo? Buena pregunta. Pero ni lo sé ni me importa. Ni voy a pensarlo. Solo diré algo: cuando escalo estoy viva. Estoy tan viva que no sé ni por qué lo hago. Ene se momento estoy ahí, donde estoy, con todo mi ser. No hay ni un pedacito de mí que esté en otra parte. Me llevo a la pared todo lo que soy, todo lo que he sido, y todo lo que seré: no hay distinción. Todo se integra en mí… todo en un ser. Escalar me construye. Cicatriza heridas abiertas en el resto de mi vida, coloca cuestiones enredadas, asienta inquietudes y miedos. Calma y lanza a vivir. Recarga energía, suaviza angustias, consuela frustraciones. Cuando escalo sé quien soy, hasta el punto de no tener que preguntármelo, hasta el punto de no tener más respuesta a eso que la aparentemente obvia: soy yo. Cuando escalo no hay fragmentación. “Tranquila, ya pasó”... parece que la montaña me lo susurra, que me da una palmadita en la espalda.

Quizás sea eso de mirar las cosas con perspectiva: escalar es la concreción más obvia de esa metáfora, de alejarse y verlo todo desde arriba.

Las vistas mientras escalo no son siempre iguales. A veces contemplo mi ciudad a lo lejos: ciudad inmersa en brutal algarabía. Yo miro desde la quietud de la montaña, miro la ciudad, y elevo un poco más los ojos para dejar de mirarla, para mirar al mar, como si esa inmensa extensión de agua fuera cómplice de mis pensamientos: que no es verdad, que esas prisas de la ciudad son la mayor parte de veces en vano. Que el tiempo pasa y poco de eso queda. Que la mayor parte de esas preocupaciones no tienen nada que ver con lo que importa en realidad. Y así permanecemos, el mar, la montaña y yo,  conversando en silencio: como los adultos que intercambian miradas de complicidad cuando ven a niños preocupados por sus pequeños asuntos (aunque quizás no sea un buen ejemplo; los adultos creen que saben lo que es importante… cuanto más crezco, más lo dudo).

Otras veces mis vistas no tienen nada que ver con el ser humano. Veo extensiones de montañas, de mares y lagos. Veo el cielo, y me siento libre mientras permanezco atada a una pared. Si esperas lo suficiente, las aves pasan rozando. ¿Miedo la altura? No realmente. Reconozco que en una pared es el viento el que más impresión me produce. Sensación extraña: cuando no tienes los pies en el suelo realmente te envuelve el aire cuando hay viento.

Viento, sol, roca, agua. ¿Simple? ¿Poco? Que cada uno juzgue. Solo puntualizaré que son todos los elementos.


Hay otras vistas más... las vistas de cuando escalo en las montañas de mi comunidad natal. Pocas son estas ocasiones, pero tienen un regustillo a raíces, a identidad, a permanencia y a novedad. Esas montañas que he visto durante tantos años desde mi ventana, y que cuando escalo siento: desde mi habitación, son imponentes y preciosas figuras a lo lejos; desde la pared, se llenan de detalles bajo mis dedos, que buscan como acoplarse para seguir subiendo. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Cargas

Cargas que soportas. Pesos. Pesos que están ahí sin que seas consciente de ello. Cargas que has asumido como inherentes a ti.

Presión. Asfixia. Agobio. No respirar.

Calma. Libertad. Brisa. Disfrutar.

Parar.

Tomar conciencia.

Sentir. Sentir todo tu ser. Sentirlo y quererlo. Dejar de odiar. No despreciar. Valorar.

Feliz. Serena. Sin más. ¿Quien iba a entender? Disfrutó de las últimas migajas. Observó cada cucharada como si nunca hubiese visto nada igual. Los olores,olores,texturas y sabores aparecían como nuevos ante ella. Tan simple y tan difícil.

Disfrutó tímidamente de ese momento...Como si fuera de cristal.
¿Y si desaparecía?
¿Cuántas veces tendría que volver a empezar?

jueves, 16 de febrero de 2017

Privilegios

No siempre todo es difícil.. no siempre. Hay problemas a los que vives habituado: la lucha contra ellos se vuelve rutina, y crees que no existen, tan mezclados que se encuentran con la realidad. Crees que no existen, y que lo que te pesa la vida es lo normal, que serás tú la floja... hasta que desaparecen. Aunque sea un momento. Y no, eso que pensabas... no es verdad.

Cuando eso pasa me doy cuenta: soy una privilegiada. Llego a casa, abro la nevera...Ahí está la comida. Enciendo el fuego (así, dando a un botón..) y empiezo a preparar un primer y un segundo plato. Como tengo frío enciendo un calefactor, y empiezo a comer, a la vez que veo una película en el portátil. Después me levanto a limpiar los platos... abro el grifo y sale agua. Fría o caliente. Como decida. Oigo un sonido: es una amiga que me escribe por el móvil. Me debato entre estudiar o hacer algo de ejercicio, y decido ir al gimnasio... todo facilidades. Las calles, los centros, mi casa.. un sinfín de posibilidades.

Llega el final del día. Me lavo los dientes, me ducho, me pongo el pijama, me tumbo en la cama... No sé si la gente se parará a pensar cuantas cosas usamos cada día, hasta donde llega nuestra calidad de vida. Hoy escribo en general, sin mojarme más... pero es real. Y aquí estoy. Cómoda. Mañana sonará el despertador, para que desayune pan recién tostado en mi propia casa, y me vaya a mi trabajo. Si, mi trabajo, un buen trabajo, que pude elegir, en donde elegí, que me gusta, asusta, espabila y estimula; con su sueldo, mis compañeros... y su estrés y miedos, también es cierto. Como la vida. ¿Para qué negarlo? Lo bueno y lo malo se mezclan en ella, inseparablemente. Lo único que debo cuidar es que eso no  permita engañarme, que me sigue perteneciendo ese título que de adolescente tan alegremente proclamaba, con todas mis ganas de vivir (que por cierto, siguen aquí): soy una privilegiada.

Ratos para mí

NUEVA SECCIÓN. Sección de "tips",  de trucos, recapitulación de cosas que me hacen feliz.... Aquí va la primera: ratos para mi.

Hace poco un buen amigo me hizo ver una cosa: que necesitaba tiempo para mí. No tiempo para mis planes ni proyectos, ni siquiera tiempo para esas cosillas que me dan la vida... tiempo para mi. Parar en el tiempo, vaya... dejarlo pasar. "¿Cuánto hace que no te hablas?" Pues es verdad. 

La vida va muy deprisa, tan deprisa que a veces marea, agobia, cansa o no llegas. El peligro está en que el mareo, agobio, cansancio, frustración o prisas nos impidan apreciar la vida... Que es un regalo. Y se nos olvida. Se me olvida.

Me encanta mi vida. Sí, mi vida. Ese bien tan amado, enterrado bajo prisas, cansancios y miedos.

Hoy no voy a ver una serie antes de dormir. No voy a estudiar, no hay peli ni llamadas.. nada. Hoy voy a hacer caso a mi amigo y voy a parar. Hoy no toca analizar...Hoy no toca pensar.

Tanto tiempo "optimizado"... Hoy me siento y lo dejo pasar (aunque sea solo un rato) Que el tiempo que pasa sea como el viento que sobre la arena desentierra un tesoro. De igual modoe siento y veo como los agobios, cansancios y miedos escapan entre mis dedos... cual arena o sal. Que la vida son contrastes, y ahí está su belleza. Que para ver esos contrastes hay que parar... y así aprender a mirar.

domingo, 12 de febrero de 2017

Vuelvo a escribir

Vuelvo a escribir, tras tiempo sin hacerlo. Vuelvo a escribir, aprovechando el anonimato. Ya no soy estudiante de medicina, ahora soy Residente. Sí, eso por lo que tanto he luchado. Y ahora que lo soy, no estoy segura de querer celebrarlo.

Necesito tiempo para mí, no para llenarlo con hobbies: necesito tiempo para mí (gracias a dererminada persona por calarme tan bien...), para pararme a reflexionar, o a no pensar; para darme cuenta de que yo elegí esto, la vida que llevo. Necesito recordar que es un premio y no un castigo; pararme a comprobar que disfruto, que me gusta la medicina y que no es solo una carga. Necesito recordar quién soy, que sigo estando allí, que entre mis miedos se sigue escondiendo la chica ilusionada, sencilla y luchadora.

Vuelvo a escribir, no para entretenerme, sino justamente por falta de tiempo. Seamos sinceros... no voy a darme "un rato para mí" de modo gratuito. Estoy demasiado acostumbrada a correr como para parar sin más. No voy a darme un baño relajante en esa bañera que no tengo. Como buena científica, aún tengo que probar que esto de darme tiempo no es perderlo sino darme la oportunidad de crecer cada día un poco más, de poner un hilo conductor a mi vida, de dejar de sobrevivir y empezar a vivir.

Vuelvo a escribir porque me gusta hacerlo. Porque soy una enamorada de la vida y de la realidad, porque disfruto analizándola, o contemplándola sin más. Porque en todo se puede ver un poco más allá de lo que se aprecia a simple vista, pero si no prestas atención todas esas pequeñas cosas pasan desapercibidas. Porque disfruto dejando que mis dedos bailen por el teclado, y plasmen en el ordenador lo que pienso; difruto bajando la guardia, escribiendo sin guión, leyéndolo después y sorprendiéndome incluso. Disfruto conociéndome a mí misma.

En definitiva... vuelvo a escribir porque estoy viva. Y no entiendo porqué a veces se me hace cuesta arriba. Querría vivir como escalo: aferrandome a las presas, pensando pero no mucho, sin tirones sino bailando; apretando cuando hay que apretar, descansando estratégicamente, y siempre disfrutando. (la escalada es buena escuela de vida...) Y sé que eso está en mí. Sólo tengo que darme el espacio suficiente para no ahogarlo.




Justo antes de la felicidad

Ayer empecé a leer un libro, de esas historias que de un modo sencillo te transmiten optimismo desde sus primeras páginas. Lo tenía reservado para después del MIR (como otras tantas cosas...) pero me apetecía, y ¡era mi tarde libre! Se llama "Justo antes de la felicidad"... ¿muy propio para este momento? Cuando lo cerré (lo que iba ser un vistazo rapido se convirtió en llegar casi a la mitad del mismo) me quedé un rato saboreando la sensación... se me habia olvidado lo mucho que disfruto leyendo. Y es que a veces vamos dando cosas de lado... por otras más urgentes, o más.. ¿relevantes? Lo hacemos sin darnos cuenta, y corremos el riesgo de olvidar la importancia de las pequeñas cosas. A veces es necesario, como en este ultimo esfuerzo pre-MIR, pero solo a veces... y solo por un tiempo. Eso sí, me siento feliz de este esfuerzo. Consiga lo que consiga, habré luchado por ello. No de un modo perfecto... simplemente tal y como soy. Dicho esto... se acabo el parentesis. A retomar las jornadas de estudio, al final de esta tercera vuelta: última asignatura... cuenta atrás casi echada.
¡A por ello!

"¿Y sí...?"

Querer gritar y llorar y no tener hacia donde hacerlo.
Tener miedo y no saber a qué.
Estar perdida y no poderte mover.


"¿Y si...?" Y si eterno. Como eternos son sus puntos suspensivos.
Ser o no ser. Verdad o cuento. Exageración o necesidad. 

Cortina de humo o problema real.
¿Y qué hacer si es tu cuerpo el que decide dejarte de hablar?

"¿Y si...?" ¿Es que no lo vas a decir en voz alta? En silencio sonríes. No, no es eso. Va más allá.
Es que nunca lo dirás. En voz baja tampoco. Ni siquiera a ti misma. 
De hecho, no lo sabes.
¡Eterna duda! Duda sin resolver. Sin resolver porque ni siquiera se llegó a formular.

Silencio entre tú y tú. Abismo interno.
Abismo irreal por la proximidad de sus extremos,
pero real por tu imposibilidad de cruzar.
Puede que me ahogue en un vaso de agua... ¡pero qué resbaladizas y lisas son sus paredes cuando se intentan escalar!

Dos caras en una moneda. Pegadas. Pegadas entre sí, pero incapaces de contactar.
Cara y cruz. Luz y oscuridad.
Entre el cielo y el suelo... y tú exactamente en medio.

"¿Y si..?" Y resuena con más fuerza.
"¿Y si...?" Y como tantas otras veces te das la vuelta. Te das la vuelta, corres... 

Huyes. ¿De qué? De ese "y si".
De la pregunta que nunca se llegará a formular.
De ti misma. De tu sombra. De tu reflejo. Pero tu estás en ti, tu sombra te sigue fielmente detrás, tu reflejo reaparece cada vez que, asustada, decides entreabrir los ojos para mirar.

Sueños

Retales de cuando aún estudiaba el MIR... Y hoy, un añi y medio después, lo mantengo.
Por todos aquellos que seguimos en búsqueda... 

¿Qué queremos, qué buscamos en la vida? La respuesta fácil es una carrera, un futuro, metas, logros... pero hay algo más.
Todos tenemos algo q deseamos d verdad. Hay un SUEÑO, en mayúsculas, dentro de cada uno de nosotros, una inquietud; un deseo que a veces ni siquiera sabemos formular, que nos asusta mirar porque escapa de nuestro control, porque no lo podemos asegurar. No es el futuro, no es nada que podamos conseguir por nosotros mismos... va más allá.
Hay mucho que está en nuestra mano, es verdad. De hecho, podemos conseguir lograr muchos sueños, tener una vida magnifica, ser felices... por supuesto. Cuando miro mi vida me doy cuenta de que puedo llegar a sentirme realizada y satisfecha, es verdad. Con todo, no puedo dejar de pensar en que nada me colma suficiente, en que tiene que haber algo más.
Pienso que la clave está en que ese "algo" aparecerá mientras me ocupo de mis sueños factibles (llamémosles así), de mis metas concretas, de aquellas cosas que con esfuerzo podría llegar a conseguir... y que no aparecerán si no lucho de verdad por ellas.
Ese otro "algo más", yo creo que aparecerá, siempre; antes o después, pero aparecerá. Todo el mundo ha de tener un momento de exclamar "¡Esto es!, esto es lo q buscaba sin saberlo..." Ese momento, esa certeza, llegará. El secreto está en no dejar de buscar. Eso, el deseo mas profundo de nuestro corazón, se colmará; lo que pedimos a la vida, lo que buscamos a veces sin saberlo... ¡llegará! La clave está en no quedarse esperando: la clave está en no rendirse, en no dejar de caminar: llegará sólo para aquel que esté dispuesto a buscar... y siempre y cuando no se conforme antes con cualqier cosa, claro... Aqui... búsqueda y aguante.
:)

Rara

Dicen que soy rara....
    Dicen que miro a los ojos, que mantengo la mirada;
    dicen que sonrío sin motivo aparente, que muestro seguridad;
    que me acerco demasiado a la gente, que no mantengo las distancias.
 
Dicen que me salto las convenciones sociales, que no sigo las normas establecidas. Que digo muchas tonterías, que en algún momento perdí la cordura que debe tenerse, que digo lo que pienso, o que no pienso lo que digo.

Dicen que abuso de la ironía, que soy esquiva y cercana a la vez. Dicen que no se canturrea por la calle, ni se baila en la casa. Que debo dar dos besos para saludar a aquellos con los que me encuentro. Que no se habla con la gente que se cruza por casualidad en tu camino. Que soy cercana pero que luego desaparezco. Que llamo la atención pero a la vez no encajo en el mundo.


No voy a discutirlo, es verdad, soy rara. Soy rara si ser rara es ser como soy. ¿De verdad no se mira a los ojos? ¿Porque no mantener la mirada? ¿Porque hay que quedarse lejos?

    Creo en los que me rodean, y lo expreso sin palabras.
    Sonrío porque miro a mi alrededor y me siento afortunada;
    me apasiona la gente, y no se me ocurre mayor misterio a desentrañar que una persona. Párate a pensar lo que cada uno de nosotros esconde detrás... detrás de cada gesto, cada mirada, cada cara; detras hay mil historias, hechos y pensamientos, vidas entrelazadas... al fin y al cabo personas.
 
Que nadie se equivoque: no dejo de seguir normas y convenciones porque sea una rebelde... es que nunca las aprendí.  No digo tonterías por hacerme la graciosa o interesante: es que asumí que la cordura está sobrestimada y que no voy a vivir pendiente de qué debo decir.

Me gusta pensar y relacionar. Me gusta jugar con las palabras, que acepten mi juego y reto, que me descoloquen y me vuelvan a ganar. Sí, sin darme cuenta me sale cantar, y me sentiría muda si dejara de bailar. No doy besos porque sí, porque alguien diga que los tengo que dar. Considero un regalo aquellos que sin venir a cuento se cruzan segundos en mi vida, aunque no los vea nunca más: me llama la atención las vidas entrelazadas, que se juntan y separan, por segundos, días, años... rutinas compartidas con gente a la que nunca llegaras a hablar. Me acerco porque quiero, desaparezco porque tengo miedo... o simplemente la vida va hacia otra parte, o simplemente aún no me he aprendido a quedar.

domingo, 29 de enero de 2017

No somos héroes

Saliente de guardia, en un tren... adormilada (como buen saliente...) miro a mi alrededor. Suelo tener un recuerdo difuso de las guardias... momentos dispersos vienen a mi cabeza: ¿Debería haber sacado una analítica a ese niño? ¿Acudirá a revisión, como le mandé, aquel otro? ¿Qué será de los que tuvieron que irse andando? ¿Hice bien mandando esa radiografía?
No todos son dudas. Recuerdo con cariño muchos niños. Pasas por su vida, y les dejas...Ellos se acuerdan de ti, y tu...bueno. Tú cargas más menos con ellos.
Recuerdo el niño que entró directamente a críticos. Recuerdo el padre descompuesto pensando que su niño se moría. Y esas escenas, excepcionales para algunos, son mi día a día.
Levanto la cabeza, miro a mi alrededor... ¿Qué será de los gente que me rodea? ¿Qué pensarán de mi cara de sueño? Dada mi pinta de niña, deduzco que supondrán que estuve de fiesta, o algo por el estilo. No... ayer trabajé 24 horas en un hospital. Estuve "de guardia", "de puerta", o como prefieras llamarlo. Creo que a veces usamos esos términos sin pararnos a pensar en su significado... Estuve de guardia. De guardia, vigilante y expectante, por si alguien me necesitaba. Estuve de puerta. Esperando. Esperando a recibir a cualquiera que llegara al servicio de urgencias.
Mi hospital es un hospital grande. Decidir venir implica suponer que tu niño está mal. Implica buscar ayuda. Y ahí estoy a la espera. Esa es la razón de mi cara de sueño, de muchas de mis preocupaciones y de mis miedos... poder ofrecer una respuesta a aquellos que llegan. Nuestras conversaciones de trabajo: las vidas que se ponen en nuestras manos.
Miro a mi alrededor. ¿Sabrán que pasé la noche sin dormir, atendiendo (con más o menos razón) urgencias? No somos héroes. De verdad. Cada guardia te mide y te derrota. Hay guardias mejores y peores...Pero todas te llevan al límite de tus fuerzas y capacidades, antes o después. Lo veo en mi, lo veo en mis adjuntos y en mis compañeros: veo como según avanza, la guardia pasa factura, aunque sigamos al pie del cañón. Después de una guardia te sientes derrotado, cansado, un poquillo amargado incluso, o simplemente agotado.
No me siento heroína, ni busco mérito. Pero quizás...Quizás no estaría de más, aunque sea solo para mis adentros, pararme a pensar que en cada guardia pierdo un pedacito de vida por los demás. Nadie lo entenderá,nadie me lo agradecerá. Es mi trabajo, lo que debo hacer. Es rutina. No lo digo como recriminación. Sólo analizo y enuncio lo que creo que es una realidad.

En tren

Ha sonado el despertador... No el busca, no, el despertador. Por supuesto, mucho menos efectivo que el busca... al sonido de éste me levanto de un salto, el del despertador es más susceptible de ser ignorado. Pese a todo me levanto (aunque no de un salto..) Mi adjunta duerme a mi lado, así que recojo mis cosas en silencio y salgo de la habitación. Me miro al espejo... tengo una cara horrible. Me lavo en la cara, en un intento de intentar mejorarlo, y miro cuánto queda para que salga mi autobús: 40 minutos. Miro cuánto se tarda en llegar: 32 minutos andando, 10 en taxi... decido ir andando. De camino tengo que acelerar el paso. El sol está saliendo en mi ciudad, precedida por una luz rojiza. Llego 15 minutos antes al tren, una vez más he ganado a Google Maps.. me siento y miro por la ventana. La luz del amanecer baña las montañas. Y entonces aparecen...las Frontales. Las Frontales. El próximo finde es especial: no tengo guardia... Feliz. Estoy feliz. El finde que viene... El finde que viene espero verlas desde arriba.

viernes, 27 de enero de 2017

Sola

A veces me descubro cansada, enrabietada... Me pasa especialmente después de una guardia. Cuando no tengo claro un niño. Cuando he dado sin estar convencida un alta.
Me he dado cuenta que en esos momentos solo querría que alguien me dijera: "Tranquila, lo estás haciendo bien. Sigue" y...ya está. También me he dado cuenta de que eso no va a pasar. Aquí no hay evaluaciones que te pongan aprobado o notable. Nadie va a consolarme al llegar a casa. No va a haber feedback positivo. ¡Pero! Puede si bien es cierto que no sé qué estoy buscando, al menos sé que estoy en búsqueda: al menos se que estoy luchando. Y que no voy a rendirme. Se que estoy cansada. Se que mejor cansada que vacía, mejor en lucha que rendida, mejor derrotada que sin batatas iniciadas. ¿Para qué? Para nada. ¿Porqué? Porque es mi vida, ésta, la que tengo, con lo que soy.
Porque es un regalo y no pienso desaprovecharlo.

jueves, 26 de enero de 2017

En crisis con la medicina

La medicina y yo hemos tenido tradicionalmente un relación amor/odio. Tras un año de luna de miel, en 2° curso llegó la primera crisis: podía entender la necesidad de esforzarse y estudiar, pero... ¿los suspensos con 5,6? ¿aprobar con el 75% de las 10 mejores notas? ¿exámenes tipo test que ni con manuales, internet y apuntes de otros años pudieras contestar? ¿acaso para ser buena médico había que pasarlo mal? No encontré respuestas, pero aprendí: aprendí a compaginar, a estudiar cada vez con más rentabilidad, a sacrificar (o nota o visa, según...) Aprendí que la medicina no era mi enemiga. Cambié mi perspectiva, el modo de mirar, y empecé a verla como un regalo en vez de una carga...y empecé a sentirme afortunada.
Con el inicio del hospital descubrí mi sitio: entre miedo, pánico, ignorancia y felicidad... Empecé en urgencias...Y de verdad que la medicina empezó a dar sentido a mi vida. Ya no es que me gustase...es que la empecé a amar.
Avanzando en cursos, se volvió un amante exigente: más horas, más horizonte... Congresos, investigación, rotaciones, quirófano, residentes, adjuntos... No recuerdo un día malo. Aprender a la vez que crecer, conocer gente... Cada vez con más ganas de ser residente. Con sus baches, es verdad... Con momentos de cansancio, de no entender, de no avanzar, de no saber... pero en definitiva, feliz.
No recuerdo un camino de rosas. Lo conseguí. Ése es el recuerdo que guardo de mi graduación. Gente, risas, complicidad... Lo conseguí. Y solo yo conocía el esfuerzo que me había supuesto el haber llegado hasta allí.
Sí, podríamos decir que lo conseguí. Soy médico. Pero he olvidado qué era lo que me apasionaba tanto de la medicina.
Ahora escribo cansada, en medio de una guardia. Son más los días en los que paso miedo que en los que me siento realizada. Puedo contar con los dedos de una mano los niños a los que siento que he "curado", o que he hecho un cambio en sus vidas. La residencia pasa trepidantemente, y yo sigo muerta de miedo, inexperta, y con sensación de que no aprendo.
Supongo que poco a poco pasará. Quiero creer que, si bien los miedos no desaparecerán, al menos los buenos momentos aumentarán. Quiero creer que aprenderé a amar la vida que elegí, como una vez aprendí a amar la medicina.
¿Ahora? Dedicada a aprender, no ya solo medicina, sino este nuevo estilo de vida. A encajar el estudio, sobrellevar el miedo, aumentar en práctica y conocimientos. Encontrar lo bueno, asentar compañeros, descubrir lo que me llena. Quien soy, quién quiero ser, qué vida quiero tener.
Quién sabe... Lo que tengo claro es que no soy esclava de ninguna decisión que tomara en ningún momento dado. Quien sabe...