domingo, 27 de mayo de 2018

Pasar pagina

Pasar página. Dicen. ¿Qué es pasar página? ¿Seguir adelante? ¿Dejar atrás?

Aceptar que las cosas no son como eran. Y que no lo puedes cambiar.
Lo que fue ya no es, no existe. Es inútil que no lo dejes de intentar. Intenta otra cosa, reconstruye otra cosa. Pero acepra que lo que es volver, eso que quieres no volverá.

¿Por qué no pasamos página? En mi caso, miedo. De perder las raíces. De confirmarme. De dejar de luchar.

Acepto. No quiero. Pero acepto. Bajo la cabeza. Hago que no importa. Pero me importa. No he dejado de luchar. Firmo la tregua, pero no estoy contenta con ella. No lo quiero. Pero es más fuerte que yo. Nunca iba a ganar.

viernes, 23 de marzo de 2018

Amaneceres de hospital y otras vueltas de la vida

Hace años soñaba con ser de las que se despertaba en un hospital, de las que permanecía en vela, testigo de esas grandes historias, de las que hacían algo...
...con ser médico. 

Ahora despierto de guardia, y solo sé que tengo sueño. Ya sé que somos simplemente personas los que trabajamos allí dentro. 

Qué tonta me siento... 
(no sé si por idealizarlo entonces, o por ahora olvidarlo por momentos)


jueves, 15 de marzo de 2018

Me encanta mi cuerpo

Me miro al espejo. Me gustan estos pantalones de una 38 (la 34 y la 36 quedaron fuera de mi vocabulario...).
Miro la camiseta que cae por mi hombro (siempre me gustó el rojo)
Me doy la vuelta, me miro de perfil. Hay alguna curva que no casa con mi "gusto ideal" (pues claro que se notan los 5 kilos que me han regalado estos dos años de residencia..)
Miro mis piernas, mi tripa, mis brazos.
No son de modelo, pero son fuertes. Son testigos de mi vida y cómplices para lograr mis metas. Unos días veo mi cuerpo con mejores ojos que otros. ¿Te cuento un secreto? Realmente ni se como es objetivamente. A veces, directamente, es otro cuerpo el que veo. ¿Y qué? No es el cuerpo con el que soñaba (ese no sé si era compatible con la vida...) Ni siquiera por el que luché. Pero, ¿sabes qué? Sí que es el cuerpo con el que voy cumpliendo mis sueños, luchando batallas, disfrutando, compartiendo momentos, conociendo gente, aprendiendo de todo, VIVIENDO. Al fin y al cabo, el que me ha acompañado durante toda mi vida, mi fiel compañero. Lleva mis cicatrices. Tiene sus defectos. Tira bien (a veces demasiado). Es lo primero que la gente ve de mi, y es aquello a través de lo cual me acerco a la gente. Me da toques d atención (pocos). Aún es bastante nuevo. Mezcla cosas de mis padres, pero es original. Es mi cuerpo.

Me gusta mi cuerpo. Soy yo. Y me gusta mi yo, me gusto por dentro. Ahí hay creatividad, paradoja, cariño, lucha, vocación, defectos (muchos defectos), amistad, amor, lealtad...y mil cosas más. De las que de verdad importan. Y, todo eso, lo puedo expresar con mi cuerpo.

Me miro al espejo. Lanzo una mirada desafiante a ese monstruo que en otra vida tanto me ha aterrorizado, tanto me ha paralizado. "Este es el cuerpo del que me decías que no merecía nada, con el que según tú iba a ser una infeliz. Me convenciste hasta odiarme, hasta aborrecerlo. Nos hiciste enemigos, yo contra mi cuerpo; y contra mí, mi mente, jugando a ser la buena, mintiendo constantemente, escondiéndose detrás de mi cuerpo, haciéndole parecer el malo, culpándole de todo, haciéndole responsable, exigiéndole hasta el colapso. E inicié un combate, a muerte. No importaba el precio. Hubo treguas pasajeras...pero nunca paz. Equipos contrarios, mi cuerpo y yo. Odio eterno. Cada vez mirado con peores ojos, y cuánto más le odiaba a él, más me odiaba a mí. Le combatía sin saber que era a mi misma a la que estaba jodiendo. Creía lícita, necesaria y eterna mi lucha. Cada día que pasaba era un eslabón más en la cadena, que a priori me daba más espacio, pero también me sujetaba con más fuerza. Me hice experta. Y tú asentías, y tú me decías que hacía bien, que si tenía este cuerpo nadie me iba a querer, que no iba a lograr ningun sueño. Pues, ¿sabes qué? Te equivocabas. Era mentira. Lo estoy haciendo."

Vuelvo a la realidad. A ese espejo. Me miro y sonrío. Me hace fuerte que me guste mi cuerpo. Pero más fuerte me hace saber que no siempre ha sido así. He odiado mi cuerpo. Me he odiado a mí. Luché a muerte. Perdí muchas batallas. Caí muchas veces. Me rendí. Cuando se avecina tormenta aún me duelen cicatrices, y miro a quien en ese momento me acompañe y pienso: "si supieras..." Pero ya da igual. Ya está. El otro día cogí mis cadenas, las estrujé y las tiré, sin más. Ya está. Abri la ventana y empecé  a respirar. Por primera vez dejé de buscar el modo de escapar, y directamente  me rebelé. Se acabó. Ya perdí tiempo, fuerzas, ganas y mucho más por ello. Demasiado alto ha sido ya el precio. No guardo rencor. No me guardo rencor. Las historias tienen muchos capítulos, ese fue uno. Por está vez me permitiré perdonar sin olvidar. Al menos por ahora. Me perdono, pero no olvido mi historia. Tampoco me enorgullezco. Simplemente ya no es. Fue. Forma parte de otra vida. Ya no es de la mía. Nunca más.

Las guerras propias ganadas me dan esperanza sobre las batallas ajenas. Si mi imposible se hizo realidad... ¿por qué no iba a haber más?

domingo, 11 de marzo de 2018

Mientras los pájaros cantan

7 de la mañana.
Abro la puerta de la habitación.
Oscuridad.
Demasiado temprano como para que las primeras luces iluminen mi cama. Aún así, en el parpadeo azul-amarillento de los huecos de la persiana se puede adivinar entrelíneas el nuevo día, que para mí sigue siendo el mismo que hace 24 horas: una guardia.
¿Y ahora qué?

Los pájaros cantan al otro lado de la ventana. Yo no sé qué es lo que hago. Dejo en el suelo la mochila, ando hacia el baño, me miro al espejo.
¿Quién soy?

Es una curiosa desconocida, la que desde el espejo me mira. Curiosa la percepción, que día a día modifica mi reflejo.
¿Cambia lo que veo
porque cambia mi yo externo,
o es mi yo interno el que modifica
el modo de ver mi reflejo?

Me tumbo en la cama.
Escucho el canto de los pájaros, como un nana. 
Disfruto del cansancio, de ese sueño acumulado.

Son las 7:15 de la mañana.
Domingo, 11 de Marzo.
¡¡11 de Marzo!! Recuerdo perfectamente un día como hoy, hace 14 años.
Ese día me dije que quería ser yo la que fuera a los escombros. Quería ser esa médico. Quería estar ahí. No quería estar al otro lado de una pantalla de tantas realidades que salen en la televisión. Recuerdo ese Atocha, ahora tan inocente, pero que dejó una de las marcas que me han llevado a estar donde estoy. Otra es Dominicana. Otras tienen nombres propios que no traeré aquí. Pero sí. Una es Atocha. Admiraba a los equipos de emergencias, a los médicos voluntarios, al resto de colaboradores. Ese día decidí formarme para aportar algo en este mundo loco del que, quiera o no, formo parte. Decidí que quería estar ahí donde haya sufrimiento, y no para juzgar: solo formada en curar, aliviar, acompañar.
Y el tiempo pasó.

14 años después, aquí estoy. Ni tan niña ni tan valiente ni tan... nada. Simplemente saliente de guardia. En un mundo que sigo sin entender, mientras recorro, mejor o peor, el camino que decidí seguir. Ya no soy tan altruista como fui. Mi modo de ver más cosas ha cambiado.
Yo he cambiado. Eso sí:
soy una afortunada.

Veo muchas situaciones duras, pero soy un actor secundario de todas ellas. Una extra. No soy la protagonista. Soy testigo de importantes historias. Conozco a sus protagonistas. Por ellos me quito el sombrero. Por ellos merece la pena el cansancio y mi sueño. No por lo que nadie opine. Solo por ellos. Esas historias existirían aunque nadie las viera. Yo quiero verlas. Muchas veces sus protagonistas se preguntarán como puede el mundo seguir girando, si el suyo propio se ha parado. Lo sé. Estoy ahí. Lo veo. Al menos lo veo. Sí, a veces me quejo. Aunque realmente no tengo derecho. Se que soy una privilegiada.  Cansada. Pequeña. Asustada. Saliente de guardia. Aún mucho que aprender. Pero ahí sigo.

No quiero pensar. Me tumbo en la cama.
¿Qué tal se me dio la guardia? Podría haberlo hecho mejor? ¿Y sí...?
Muchos niños en la cabeza, pero sea como sea, prueba superada. Fin de la guardia. Inicio del saliente.
Cierro los ojos...

jueves, 1 de marzo de 2018

Paradojas de un saliente

Pequeño gran saliente en el que me quedé en el hospital hasta las 13:00. Guardia ayer, calmada, disfrutona y cansada. Día simple hoy, lleno de cosas, en el que disfrutar de las grandezas de la rutina. Pacientes antiguos que reaparecen, nuevos pacientes con enfermedades antiguas...

Encontrar mi sitio poco a poco. Luchar por avanzar, pero aceptar donde estoy. Café oscuro y amargo en la mano, libro de montaña, tareas financieras pendientes, entreno próximo, cansancio y mucho que estudiar. Todo a la vez. Enamorada y sola en mi casa. Independiente y pendiente de la gente. Imperfecta y feliz. Humilde y atrevida.

¿Qué más voy a decir?



Café de saliente

sábado, 17 de febrero de 2018

De lo que no nos apetece

No todo apetece. ¿Pasar frío? No. Pero subimos montañas en invierno.
¿De saliente? Algo parecido. 26 horas trabajando. Pocas horas de sueño (si es que hay alguna).
¿Mi gente? Haciendo planes a los que no me he podido apuntar.
¿Mi pareja? A 500 km de distancia.
¿Yo? ...

No, no me apetece estudiar más medicina, porque tengo guardia mañana... aunque quiero estudiar, porque tengo guardia mañana.

No, no me apetece ir al rocodromo, porque estoy cansada por haber tenido guardia... aunque quiero ir al rocodromo, porque no he podido entrenar por haber tenido guardia.

¿Me exijo mucho, o demasiado poco?
En esas estamos...

Supongo que no todo apetece. Como los primeros km de una caminata, la primera cuesta en bicicleta de un puerto, el primer contacto en roca estando desentrenada, el frío al salir de la tienda, la aproximación antes de que amanezca... y otros ejemplos que se me ocurren.
Recurro a mi memoria. Se que esas cosas merecen la pena. Sé que luego compensan.

Recuerdo la ilusión con la que iba ayer a mi guardia. ¿Por qué hoy no? Porque conservo el recuerdo del cansancio, del miedo, del recién nacido que se echa a morir, de la sensación de descontrol de mil cosas que hacer durante la guardia, de estar pendiente de tanto paciente, de estar al limite de tus capacidades, de aprender sobre la marcha, de no saber, de resolver...

Misma sensación que después de haber luchado una vía que te ha exigido mucho
"¿Otro pegue?" "No, no me apetece. No tengo necesidad de pasar ese mal rato."
Misma sensación. Solo que ahora no tengo otra opción. Este es mi trabajo.

¿Conclusión? Dejar de llorar, ponerme a estudiar, e irme a entrenar. Después de dormir será otro día. Y ya mañana ser verá.

domingo, 25 de junio de 2017

Reset

Estoy aquí, sentada en una escalinata de un sitio cualquiera. No hay un paisaje bonito a mi alrededor, solo casas, casas y rutina. Gente corriente en su vida habitual. El cielo azul manchado a nubes blancas, que a ratos sueltan pequeños chaparrones que quedan en nada. El sonido de las gaviotas a lo lejos. La luz del atardecer que alarga las sombras. El olor a tierra mojada y la brisa de lluvia en mi cara. Gotas ocasionales que no tardan mucho en secar. Cansancio acumulado que contribuye a la tenue sensación de mareo que me envuelve. Sin más.

Consciente de mi vida y feliz en general.
Triste por determinados aspectos en particular. Serena. En pause. Como si el tiempo se hubiera parado frente a mi y esperase mi señal para continuar.

Consciente de mi vida. Es verdad.  Conociéndome a mi misma, cada vez más. Descubriendo quien soy, qué es de mi vida y cómo quiero vivirla.

Necesito estar sola.

Podría decir que he vivido años de transición. Esta es otra etapa. Alguien me dijo hace poco que hay momentos interruptor, que separan la vida que viene de mi vida anterior...y ahí estoy yo. Mi vida pasada quedó atrás, no se parece en nada a ésta, y de nada sirve que pierda tiempo buscando qué cosas quiero recuperar. Mi vida futura está delante y ya llegará. Ahora estoy aquí, orgullosa de lo que ha sido de mi vida, pero consciente de que ya quedó atrás. He vivido grandes momentos, pero me despido de ella. No soy la chica que fui... soy ésta. No voy a intentar traer cosas que ya están fuera de lugar. Me niego a cualquier tipo de nostalgia o melancolía. Ésta soy yo, mi vida se juega ahora, esta es la realidad. Ni mejor ni peor, que no se me malentienda: estoy feliz de mi vida anterior, me siento orgullosa y afortunada, por supuesto que fui esa... pero eso ahora, simplemente, no viene a cuento.

domingo, 18 de junio de 2017

Entreno VS Estudio

El día que saqué esta foto ganó el entreno.   Hoy el estudio. (29/06/17)
¡Por tantos momentos de indecisión aún por llegar! 
:)

Entreno: 1
Estudio: 1

miércoles, 24 de mayo de 2017

Pediatría...y otras cosas buenas de la vida

Una de la mañana.
Urgencias de Hospital.
Comentario de niño de 6 años a su madre
(insisto, 6 años):
"Mamá, no te preocupes, que ahora va la médico, lo busca en Google y nos dice qué tengo"

Momentos así me recuerdan la suerte que tengo. No importa que lleve 17 horas trabajadas y que me queden unas cuantas más. No importa el miedo previo. No importa mi falta de tiempo ni la inseguridad, los momentos de realización, de cansancio, de errores o de avanzar.

Muchas veces me siento fuera de lugar. Muchas veces siento que no encajo en el mundo en el que me muevo, que algo falla conmigo, que no encuentro mi lugar. Momentos así me hacen recordar la simpleza de la vida... ¡Y aquí estoy yo! Con unos vaqueros anchos, tirada en la cama, sin entender por qué estoy tan cansada. Ayer, muchas emociones... Y eso que creí que la avalancha de sensaciones tras la guardia era ya cosa superada.

¿Sinceramente? Querría alguien a mi lado con quien compartir todas aquellas cosas que voy descubriendo. No ser yo la única testigo de mi vida. Pero ese alguien no está, y yo no puedo inventármelo.  Podría escribir a quien se quisiera venir. Seguiría siendo falso. Hoy estoy orgullosa de mí misma. Me siento en paz con mi vida. Quiero hacer de ella algo que merezca la pena... que permanezca.

Supongo que también por eso soy un bicho raro. ¿Seré lo suficientemente fuerte para mantenerme y buscarlo? Es más fácil conformarse, mendigar algo de atención, refugiarse en un "hice lo que pude", poner excusas... pero aquí estoy. Esta soy yo. No pretendo que nadie lo entienda. Me basta con que para mí valga la pena.

lunes, 22 de mayo de 2017

No solo médicos..pero siempre médicos

Hoy no es el mío el que me duele: es el dolor de una compañera. A todos nos pasa...un niño que nos toca más de cerca, un niño por el que no puedes hacer nada, un niño en el que por una u otra circunstancia palpas más obviamente lo injusto de saber que alguien de muchos menos años que tú no va a vivir más.

A veces se nos acusa a los médicos de no saber desconectar, de hablar siempre de medicina, de vivir para ello, de no hacer nada más. No lo creo. No lo creo, de verdad. No al principio. Luego ya...depende​. Pero eso es más complejo.

No vivo solo por o para la medicina. No soy solo médico. Soy mucho más. Pero tampoco puedo dejar de serlo. Soy médico siempre... Soy médico cuando duermo, cuando escalo, cuando estoy en la playa, cuando me voy a tomar algo.

Dormiré y de vez en cuando soñaré con temas médicos​, con niños, o tendré pesadillas. Escalaré y habrá días que me cueste empezar a centrarme porque no pueda quitarme de la cabeza un paciente.  Estaré en la playa y oiré los comentarios médicos de la gente de mi alrededor, aún sin quererlo. Quedaré contigo a tomar algo y muchas de mis anécdotas, relacionada con la medicina o no, habrán pasado en el hospital. Puede que me llamen por dudas con un tratamiento que prescribi...o incluso para comentarme un error que cometi. Tendré que responder... y eso que solo soy una médico de primer año. Pero sí: esta es mi realidad. No soy solo médico, no solo eso... pero eso también lo soy, y no puedo dejar de serlo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Ni todo es malo

No todo es malo...de acuerdo, no todo es malo. La guardias no son tan horribles. Aprendes, dudas, resuelves, arriesgas, te arrepientes. Como en la vida.

Un debut diabético, una fiebre sin foco en lactante de un mes, una anafilaxia, una rigidez de nuca y una insuficiencia respiratoria por broncoespasmo son las cosas con las que hoy acababa mi día. Y una úlcera corneal, por cierto. Eso a nivel de patología...si hablamos en general, mi día acabó haciendo una competición de heridas con un niño de 4 años. Y ese es mi trabajo, compaginando cosas tan serias como tan poco, a la vez...como la vida misma.

Me gusta ser médico...cuando me crezco. Y por eso estudio, pero por eso también no soy solo médico. Y no solo hay ambas cosas, que además soy humana, que meto muchas patas.

He llegado a la habitación: mis dos compañeras duermen. Yo me muero de sueño. Me acuesto...unas horas. Esta es la vida del hospital, la que hay detrás, la que nadie ve. Yo quería formar parte de esto, y ya estoy aquí...aprendiendo a ser feliz.

viernes, 19 de mayo de 2017

No se qué haces entrando

No se qué haces entrando.
No se qué hago dejándote entrar.
No se porqué narices te dejo meterte en mi vida, sin saber ni siquiera si te vas a quedar.

¿¿Es que no aprendo nunca??
Si estoy bien sola, ¿¿por qué me tengo que fijar en ti?? Si mi vida está bien, ¿por qué te dejo entrar?

Y no se porqué duermo en un lado de la cama, como si el otro tú lo fueras a llenar. No se porqué espero que me escribas, si no sé en qué momento te dejaré de gustar.

No se porqué vuelvo a ser la misma idiota, la que olvida que realmente vive sola; que la gente va y viene, pero que no hay quien te espere, que yo debo ser la fuerte, y no esperar a nadie más. Vuelvo a ser la misma ilusa, esa que cree en la gente, que quiere conocerte, que piensa que pase lo que pase habrá merecido la pena, y que por tanto decide probar.

No se porqué quiero conocerte, dejarme conocer, que te atrevas a descubrirme, darnos una oportunidad... no lo sé. ¿¿Por qué hago esto, si ya sé que soy rara, si ya sé que no suelo encajar, si lo normal es que tarde o temprano lo descubras y, como es lógico, te irás?? No lo sé, pero es la verdad. Que aquí estoy, que tengo miedo, aunque lo sepa ocultar. Que querría descansar teniéndote al lado, refugiarme en tus brazos, perderme en tus labios, pedirte en silencio que me cuides, y aprenderte a cuidar. Que no quiero estar encima tuya, ni robarte tu vida, solo comprobar si podemos compartirla. Que amo la mía, que no pretendo restarle nada, solo sumar. Qué estoy aquí, delante de ti, por si te atreves a apostar. Creo que merezco la pena... pero no hay mucha gente que lo sepa apreciar. ¿Serás de los que se atreva a conocerme? ¿o a la primera de cambio te decidirás marchar?

Te aviso: no soy perfecta, estoy llena de rotos, que depende de ti decidir si con todo ello me quieres aceptar. Que soy humana y que te quiero humano. Que soy rara, pero que sé mirar y ver de verdad; que puedes confiar en mí, bajar tus defensas, que no te voy a juzgar.

Esto es lo que siento en este preciso momento. No lo digo por nada. Sólo porque es verdad. No cambia nada: cómo sigan las cosas, sólo el tiempo lo dirá. Por ahora, me conformo con conocerte, aceptarte el reto, descubrir lo que vales...y bienvenido sea lo que nos llevemos de bueno.

¿Valiente o insensata? No lo tengo claro, pero sí: te dejo entrar.

martes, 25 de abril de 2017

A veces tengo dudas

A veces tengo dudas. ¿Me equivoqué eligiendo especialidad... o incluso carrera? ¿Puede ser que sienta que algo falla... sin que vaya nada mal? ¿Por qué estoy tan desencantada, cuando antes lloraba de felicidad? ¿Cómo identificar el fallo cuando son tantos los factores a revisar, cuando ha habido tantos cambios en tu vida, cuando nada de nada sigue igual?

miércoles, 19 de abril de 2017

Después de la tempestad... ¿calma?

 Guardia dura. Llena de fantasmas. Si me pides sinceridad te diré que cuando he salido (31 horas después de haber entrado, por cierto) solo quería llorar. Que solo deseaba, con todo mi ser, que alguien me abrazara. Que lo último que quería era seguir, seguir y luchar.

Problemas arrastrados, una punción mal hecha, una guardia dura, una niña muerta. Mucho trabajo por delante, y todo con dosis extra de sueño. No, no quería luchar. O quería hacerlo con alguien a mi lado. Y no había nadie. ¿Nadie? No, nadie a mi lado. Nadie tirando de mi mano... pero muchos en las gradas: los que están, los que estuvieron, los que estarán. Voces en mi interior que gritan que no puedo; voces de tanta gente y pequeños signos que, en silencio, sostienen que sí. Una invitación a una boda, una fuente inesperada de información, un post de un buen amigo. Un momento de calma. El recuerdo de quien soy.

Estoy igual de cansada. No ha cambiado nada. Sigo delante de mi ordenador. Sigo igual de decepcionada conmigo misma. Sigo pensando que hay cosas que no tienen solución. ¿No ha cambiado nada? Solo mi decisión. De acuerdo, que sí, que sigo luchando. Que me gusta lo paradójica que es la vida. Que acepto que no sea rosa. Que sigo sabiéndome afortunada… aunque hoy lo último que esté es motivada. Puede que hoy no me sienta  afortunada, pero se que lo soy, y seguiré brindando por ello.. seguiré viviendo. Mi sonrisa seguirá estando, porque la vida lo merece. Por lo bonita, por lo peculiar, por lo paradójica. Porque yo sigo sola… pero ella sigue así: llena de regalos.

viernes, 31 de marzo de 2017

Querido pequeño

Querido pequeño. Veo muchos peques como tu en el hospital... no me preguntes por qué me has tocado de un modo tan especial. ¿Porque estés sin diagnosticar? Estoy acostumbrada, como resi pequeña, a ver pacientes ya "etiquetados" desde urgencias, cuyos médicos saben perfectamente el mejor tratamiento para su enfermedad, y yo me limito a corroborar... Esta enfermedad, este tratamiento, está evolución. Tú...No sabemos lo que tienes. Te pones malo y te "arreglamos" Sí que lo sospechamos...Pero no lo sabemos. Y yo llego a mi casa y estudio, y busco, y miro... ¿Y si no fuera eso? ¿Y si tuviera tratamiento? Pero no es verdad. He pensado mucho en ti estos días... en vano. En vano o... no. Pero no he sacado nada en claro. Quizás solo haya servido para recordarme que me gusta ser médico, que me preocupais, que llegáis a recordarme quien soy, y que me gusta la medicina. Quizás solo haya servido para yo recordar como se hacía... cómo se vivía. Tú te mueres igual.

Hoy volviste a dejar de respirar. A priori no se te ve mucho sensación de enfermedad. Eres un pequeño más... o casi. Pero se que tú organismo pende de un hilo...y que te vas. Tarde o temprano (pero antes de lo que deberías) te irás.

Querido pequeño. No me sale llorar. Estoy triste... pero no me sale llorar. Las cosas son así. La vida es así. No te conozco: no eres ni mi hijo ni de ningún amigo, no me eres familiar... pero eres. Y te vas. No me corresponde a mi llorarte. No voy a concederme un protagonismo que no es real. No voy a decir que lo paso mal. He visto a tu madre llorarte, a tu padre sufrir, a los dos pasarlo mal. Yo solo...Pasaba por allí. En el fin de tu vida, en uno de los momentos más cruciales de la de tus padres. Eso es ser medico, ¿no? Y esta es la versión oficial. La real: que tu también has pasado por mi. Que como paciente, te quiero. Que querría que vivieras. Que querría conocerte como a tantos esos niños: que pasan por mi vida y se van, pero a seguir viviendo. Que ya no les veré más, pero que seguirán. Tú no. Cosita pequeña.

Yo hoy comeré, veré una película o estudiaré, me iré a escalar... Yo no soy la protagonista, sois vosotros: tu, vivido y coleando como estas (que cada segundo, minuto y día de tu vida es para disfrutarlo, no hay que olvidarlo) y tus padres, que siguen rotos en el hospital.

Tú me haces medico. Que lo sepas. Aunque ojalá vivieras..ojalá. Ojalá te pudiera curar.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Querida mamá

Querida mamá:
No voy a engañarte. No soy muy empática con las madres. En mi defensa diré que tengo mis razones... normalmente os presentáis como enemigas cargadas con toda la artillería, que arremeteis contra mí mientras trato de buscar de entre mis conocimientos entremezclados de cansancio e inexperiencia, algún modo de ayudar a vuestros hijos; sin atender a razones, perdiendo las formas, actuando como si todo el mundo fuera en contra de vosotras...

Tu no eres así. Hoy te he visto, he visto tu dolor... he visto tu desgarro. Te diría que me ha partido por dentro, pero sé que no llevo ni la milésima parte del dolor que ahora estás conteniendo.

Ojalá hubiéramos podido darte otras noticias. Ojalá pudiera decirte otra cosa. Ojalá pudiera poner la mano en tu hombro y decirte "no pasa nada, va a salir bien". Qué bonito diagnostico. Que típico, médicamente hablando. Qué rápido. Y que feo. ¿Es mejor saber? No lo sé. En estas ocasiones lo dudo. ¿Cómo le dices a un padre que su niña, esa preciosa niña que se ríe y hace carantoñas, y que hasta ahora era igual que cualquier otra realmente... no lo es? O al menos no en el sentido en el que vosotros lo pensasteis.

Hoy al llegar a casa he metido en google el nombre de su diagnóstico: dudo que vosotros hayáis tardado en hacerlo, y quería ver qué encontraríais...Entre palabras técnicas que sé que os marearán y no entenderéis (esas que hace parecer que los médicos queremos nuestro propio y secreto lenguaje..) apareen palabras... de desesperanza. De mal pronóstico. Y sé que las vais a leer. No queremos un lenguaje: es que es necesario ser preciso... porque en medicina no hay matemáticas. Querréis números, certezas, tiempos.. y nadie va a dároslos. Vivid el momento. Cuando estéis preparados. Nosotros... aquí estamos. Para vosotros, los verdaderos protagonistas.

No: no os estoy dando compasión. Me inspiráis respeto. Mami... creo que lo harás bien. Quieres a tu hija, la quieres por encima de todo. Hoy he visto ese amor congelado en ti, traspasando tu corazón. Parecías rota... tan rota. Pero sé que eres fuerte: fuerte de verdad. No el fuerte que gasta energías en aparentar... no. Eres fuerte cual tallo verde, fácil de doblar pero difícil de romper. Doblada ya estás. Sé que no te romperás.

Papi, no me olvido de ti. Sólo es que tu dolor no era tan desgarrador. El de tu mujer cortaba el aire... aunque eso no hace el tuyo menos verdadero.

Hoy he entrado a la habitación a ver la clínica de un paciente, y me he encontrado con una familia que se quiere. Papi, tú has estado fuerte. Has hablado por los dos. No mirabas a tu mujer... pero parecías sus labios. Siempre hablabas en plural. Ponías las palabras que ella, serena en principio, no podía expresar.

Hoy he entrado a ver un paciente.. y he visto la conexión entre dos personas. Dos personas que se quieren. Y que quieren a esa tercera personita, que ajena a todo ello reía.

Hoy no me entendía. Estaba en mi casa... y no me encontraba. He seguido mi ritmo normal de vida; he estudiado, he hecho trabajos... y antes de salir de casa por la noche me he parado. Me he sentado en el suelo, pensando, desesperada... "¿qué me pasa?" y de repente lo he encontrado. Me dueles, mami. Querría daros un abrazo. Mañana es probable que ni siquiera entre a vuestra habitación (no es mi paciente...) No sabrás nada. Tú ahora estás ahí... yo por tercer día consecutivo no pasaré la noche en el hospital, pero una cosa te digo: hoy mi yo está contigo. Con vosotros. Mañana no cruzaremos una palabra. Yo seguiré por la planta, ajetreada entre estudios, historias clínicas, tratamientos, evoluciones, pruebas y exploraciones. Parece que los médicos solo sabemos hacer eso... solo es apariencia. Hoy me dueles. Aunque es tu historia, no la mía. No soy yo la héroe. Yo sólo soy testigo de personas enormes.

Ojala y esto no os destroce. Ojalá el dolor no os nuble la vista para ver lo precioso que tenéis. No sé qué será d vuestro pequeño.. pero siempre le querréis. Y os queréis. Como los héroes de las grandes historias.

Ojalá hubiéramos podido darte otras noticias. Ojalá pudiera decirte otra cosa. Ojalá pudiera poner la mano en tu hombro y decirte "no pasa nada". Tienes mi respeto, mamá. Todo mi respeto. Todo el respeto de esta joven médico que está cansada, que se desespera y se queja de tantas cosas, mientras tú.. pareces rota. No lo estás. Eres más grande de lo que te crees. Yo no me atrevo a decirte nada. Gracias por recordarme quien era yo...siendo tú hoy  "lo que me pasa"


martes, 14 de marzo de 2017

¿Por qué escalo?

¿Por qué escalo? Buena pregunta. Pero ni lo sé ni me importa. Ni voy a pensarlo. Solo diré algo: cuando escalo estoy viva. Estoy tan viva que no sé ni por qué lo hago. Ene se momento estoy ahí, donde estoy, con todo mi ser. No hay ni un pedacito de mí que esté en otra parte. Me llevo a la pared todo lo que soy, todo lo que he sido, y todo lo que seré: no hay distinción. Todo se integra en mí… todo en un ser. Escalar me construye. Cicatriza heridas abiertas en el resto de mi vida, coloca cuestiones enredadas, asienta inquietudes y miedos. Calma y lanza a vivir. Recarga energía, suaviza angustias, consuela frustraciones. Cuando escalo sé quien soy, hasta el punto de no tener que preguntármelo, hasta el punto de no tener más respuesta a eso que la aparentemente obvia: soy yo. Cuando escalo no hay fragmentación. “Tranquila, ya pasó”... parece que la montaña me lo susurra, que me da una palmadita en la espalda.

Quizás sea eso de mirar las cosas con perspectiva: escalar es la concreción más obvia de esa metáfora, de alejarse y verlo todo desde arriba.

Las vistas mientras escalo no son siempre iguales. A veces contemplo mi ciudad a lo lejos: ciudad inmersa en brutal algarabía. Yo miro desde la quietud de la montaña, miro la ciudad, y elevo un poco más los ojos para dejar de mirarla, para mirar al mar, como si esa inmensa extensión de agua fuera cómplice de mis pensamientos: que no es verdad, que esas prisas de la ciudad son la mayor parte de veces en vano. Que el tiempo pasa y poco de eso queda. Que la mayor parte de esas preocupaciones no tienen nada que ver con lo que importa en realidad. Y así permanecemos, el mar, la montaña y yo,  conversando en silencio: como los adultos que intercambian miradas de complicidad cuando ven a niños preocupados por sus pequeños asuntos (aunque quizás no sea un buen ejemplo; los adultos creen que saben lo que es importante… cuanto más crezco, más lo dudo).

Otras veces mis vistas no tienen nada que ver con el ser humano. Veo extensiones de montañas, de mares y lagos. Veo el cielo, y me siento libre mientras permanezco atada a una pared. Si esperas lo suficiente, las aves pasan rozando. ¿Miedo la altura? No realmente. Reconozco que en una pared es el viento el que más impresión me produce. Sensación extraña: cuando no tienes los pies en el suelo realmente te envuelve el aire cuando hay viento.

Viento, sol, roca, agua. ¿Simple? ¿Poco? Que cada uno juzgue. Solo puntualizaré que son todos los elementos.


Hay otras vistas más... las vistas de cuando escalo en las montañas de mi comunidad natal. Pocas son estas ocasiones, pero tienen un regustillo a raíces, a identidad, a permanencia y a novedad. Esas montañas que he visto durante tantos años desde mi ventana, y que cuando escalo siento: desde mi habitación, son imponentes y preciosas figuras a lo lejos; desde la pared, se llenan de detalles bajo mis dedos, que buscan como acoplarse para seguir subiendo. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Cargas

Cargas que soportas. Pesos. Pesos que están ahí sin que seas consciente de ello. Cargas que has asumido como inherentes a ti.

Presión. Asfixia. Agobio. No respirar.

Calma. Libertad. Brisa. Disfrutar.

Parar.

Tomar conciencia.

Sentir. Sentir todo tu ser. Sentirlo y quererlo. Dejar de odiar. No despreciar. Valorar.

Feliz. Serena. Sin más. ¿Quien iba a entender? Disfrutó de las últimas migajas. Observó cada cucharada como si nunca hubiese visto nada igual. Los olores,olores,texturas y sabores aparecían como nuevos ante ella. Tan simple y tan difícil.

Disfrutó tímidamente de ese momento...Como si fuera de cristal.
¿Y si desaparecía?
¿Cuántas veces tendría que volver a empezar?

jueves, 16 de febrero de 2017

Privilegios

No siempre todo es difícil.. no siempre. Hay problemas a los que vives habituado: la lucha contra ellos se vuelve rutina, y crees que no existen, tan mezclados que se encuentran con la realidad. Crees que no existen, y que lo que te pesa la vida es lo normal, que serás tú la floja... hasta que desaparecen. Aunque sea un momento. Y no, eso que pensabas... no es verdad.

Cuando eso pasa me doy cuenta: soy una privilegiada. Llego a casa, abro la nevera...Ahí está la comida. Enciendo el fuego (así, dando a un botón..) y empiezo a preparar un primer y un segundo plato. Como tengo frío enciendo un calefactor, y empiezo a comer, a la vez que veo una película en el portátil. Después me levanto a limpiar los platos... abro el grifo y sale agua. Fría o caliente. Como decida. Oigo un sonido: es una amiga que me escribe por el móvil. Me debato entre estudiar o hacer algo de ejercicio, y decido ir al gimnasio... todo facilidades. Las calles, los centros, mi casa.. un sinfín de posibilidades.

Llega el final del día. Me lavo los dientes, me ducho, me pongo el pijama, me tumbo en la cama... No sé si la gente se parará a pensar cuantas cosas usamos cada día, hasta donde llega nuestra calidad de vida. Hoy escribo en general, sin mojarme más... pero es real. Y aquí estoy. Cómoda. Mañana sonará el despertador, para que desayune pan recién tostado en mi propia casa, y me vaya a mi trabajo. Si, mi trabajo, un buen trabajo, que pude elegir, en donde elegí, que me gusta, asusta, espabila y estimula; con su sueldo, mis compañeros... y su estrés y miedos, también es cierto. Como la vida. ¿Para qué negarlo? Lo bueno y lo malo se mezclan en ella, inseparablemente. Lo único que debo cuidar es que eso no  permita engañarme, que me sigue perteneciendo ese título que de adolescente tan alegremente proclamaba, con todas mis ganas de vivir (que por cierto, siguen aquí): soy una privilegiada.

Ratos para mí

NUEVA SECCIÓN. Sección de "tips",  de trucos, recapitulación de cosas que me hacen feliz.... Aquí va la primera: ratos para mi.

Hace poco un buen amigo me hizo ver una cosa: que necesitaba tiempo para mí. No tiempo para mis planes ni proyectos, ni siquiera tiempo para esas cosillas que me dan la vida... tiempo para mi. Parar en el tiempo, vaya... dejarlo pasar. "¿Cuánto hace que no te hablas?" Pues es verdad. 

La vida va muy deprisa, tan deprisa que a veces marea, agobia, cansa o no llegas. El peligro está en que el mareo, agobio, cansancio, frustración o prisas nos impidan apreciar la vida... Que es un regalo. Y se nos olvida. Se me olvida.

Me encanta mi vida. Sí, mi vida. Ese bien tan amado, enterrado bajo prisas, cansancios y miedos.

Hoy no voy a ver una serie antes de dormir. No voy a estudiar, no hay peli ni llamadas.. nada. Hoy voy a hacer caso a mi amigo y voy a parar. Hoy no toca analizar...Hoy no toca pensar.

Tanto tiempo "optimizado"... Hoy me siento y lo dejo pasar (aunque sea solo un rato) Que el tiempo que pasa sea como el viento que sobre la arena desentierra un tesoro. De igual modoe siento y veo como los agobios, cansancios y miedos escapan entre mis dedos... cual arena o sal. Que la vida son contrastes, y ahí está su belleza. Que para ver esos contrastes hay que parar... y así aprender a mirar.